Cada semana aparecen nuevas vulnerabilidades, exploits y avisos de fabricantes. Muchas empresas reciben informes, alertas o incluso reportes de escáneres… pero se quedan a medio camino: saben que hay problemas, pero no tienen un proceso claro para corregirlos. Esa es la diferencia entre “tener información” y “tener gestión de vulnerabilidades”.
Un buen programa de parchado y mantenimiento continuo permite pasar de la reacción improvisada (“parcheamos cuando podemos o cuando algo explota”) a un ciclo ordenado, con prioridades, responsables y métricas.
Un enfoque maduro suele incluir al menos estas etapas:
Descubrimiento
Identificar activos, sistemas, versiones y vulnerabilidades mediante escáneres, informes de fabricantes, feeds de amenazas, etc.
Evaluación y priorización
No todas las vulnerabilidades son igual de críticas. Se combinan factores como: criticidad técnica (CVSS), exposición al exterior, tipo de activo, impacto en el negocio y facilidad de explotación.
Planificación de parchado
Definir qué se va a corregir, en qué orden, en qué ventana de mantenimiento y quién es responsable. Aquí es clave coordinar con equipos de operación y negocio.
Pruebas y despliegue
Validar parches en ambientes de prueba (cuando existen) y luego desplegarlos en producción de forma controlada.
Verificación y monitoreo
Confirmar que los parches se aplicaron correctamente, que los servicios siguen operativos y que las vulnerabilidades asociadas fueron realmente mitigadas.
Registro y mejora continua
Mantener evidencias, métricas y lecciones aprendidas. Con el tiempo, el proceso se vuelve más ágil y menos traumático.
Al trabajar con clientes, suelen aparecer los mismos obstáculos:
Miedo a “romper” sistemas: temor a que un parche deje inoperativa una aplicación crítica.
Falta de ventanas de mantenimiento: operación 24/7 con poco o ningún espacio para intervenir.
Responsabilidades difusas: no está claro quién decide, quién aprueba y quién aplica los cambios.
Sobrecarga de alertas: tantos avisos de vulnerabilidades que se vuelve difícil priorizar.
La solución no es ignorar los parches, sino diseñar un proceso que considere la realidad del negocio: pruebas limitadas pero estratégicas, ventanas microsegmentadas, protección compensatoria cuando no se puede parchar, y una priorización basada en riesgo, no sólo en “lo que grita más fuerte en el reporte”.
Arkavia puede apoyar en transformar el parchado y el mantenimiento de algo reactivo a algo planificado:
Implementando herramientas de gestión de vulnerabilidades conectadas a la realidad de tu inventario.
Ayudando a construir un modelo de priorización por riesgo, que combine lo técnico con lo de negocio.
Definiendo junto al cliente un calendario de mantenimiento, roles y flujos de aprobación.
Acompañando en la ejecución de parches críticos y en la verificación posterior.
El objetivo es claro: reducir la superficie de ataque de manera constante, sin poner en jaque la continuidad operacional y sin depender de “apagones de incendio” cada vez que aparece una vulnerabilidad mediática.
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